FRASCOS DE VIDRIO RECICLADO «Frasco de la calma» para niños (brilla en la oscuridad)





 


Un frasco de la calma (glow jar) es un tarro de cristal (mucho mejor si consigues uno de plástico transparente) que brilla en la oscuridad y sirve para calmar a los niños después de una pelea, ataque de llanto o rabieta.


Aunque los niños deben aprender a superar estas situaciones por sí mismos, tener a mano un objeto como éste puede ayudarles a focalizar sus sentimientos para poder controlarlos, hasta que lleguen a conseguirlo sin necesidad del tarro.


Es una manualidad fácil y rápida, que te puede sacar del apuro cuando haya alguna rabieta incontrolable. Y se puede usar con niños de partir de 2 años.


Investigando en Google encontré varios métodos para hacer estas jarras que brillan en la oscuridad:


El primer método consiste en rellenar un frasco con algún gel o pegamento que contenga partículas fluorescentes (se pueden conseguir en tiendas especializadas de pintura o manualidades). También puedes añadir purpurina, estrellitas brillantes y el efecto es una sustancia semilíquida que brilla en la oscuridad y en la que, al mover la jarra, flotan y deslizan las partículas brillantes. Aunque me parece una buena idea, queda el riesgo de que el bote se abra y derrame el interior aunque esté bien cerrado.

El segundo método, que encontré en este tutorial en inglés, no necesita ningún líquido y el resultado es igual de espectacular, por lo que me parece más seguro para los niños. Se usa pintura que brilla en la oscuridad, pero está seca, por lo que no hay riesgo de manchas ni derrames. Veremos cómo hacer un frasco de la calma con este segundo método.

Materiales frasco de la calma:

Tarros de cristal o plástico vacíos.

Pintura fluorescente o barras fluorescentes (puedes conseguir en tiendas de pintura o manualidades).

Trozo de tela semitransparente, tul o malla de plástico (puede servir una malla de la fruta).

Guantes (protección).




Cómo hacer frasco de la calma paso a paso:



Coloca el trozo de malla o tul dentro del tarro, de manera que ocupe la mayor parte del interior.

Salpica dentro la pintura fluorescente o abre una barra brillante (están rellenas de pintura fluorescente) y derrama el contenido. No la eches de golpe, intenta que esté repartida en gotitas por todas las paredes del tarro y el relleno de malla. Puedes usar un pincel fino para que queden puntitos de pintura por todas partes.




Cierra el tarro de la calma. Por seguridad, mucho mejor si puedes pegar la tapa con pegamento o silicona para que los niños no lo puedan abrir.

Necesitas oscuridad total para ver el efecto, cierra las persianas enrollables y apaga la luz.

A los niños les encantará el resultado de estos frascos, y los podrán usar como excusa para tener un momento de flexión a oscuras cuando necesiten tranquilizarse o pensar sobre alguna de sus acciones.